La imagen rompe con la iconografía clásica del dinosaurio como símbolo de poder, fuerza y amenaza, invitando al espectador a observarlo desde la vulnerabilidad y lo absurdo cotidiano.

La tensión entre escala, tiempo y narrativa produce una lectura contemporánea sobre la nostalgia, la imaginación infantil y el deseo humano de traer lo imposible al presente. Más allá del humor evidente, la pieza revela un diálogo entre lo prehistórico y lo doméstico, entre lo colosal y lo íntimo, subrayando cómo reescribimos las criaturas que nunca vimos.