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La imagen desestabiliza la familiaridad del mobiliario doméstico y plantea un diálogo entre mundos que rara vez se encuentran. El contraste entre la corporalidad flexible del animal y la rigidez diseñada del mueble produce una tensión estética que invita a reconsiderar cómo los espacios construidos filtran nuestra percepción de la naturaleza.
Al situar al octópodo en un gesto casi humano, la obra sugiere nuevas formas de coexistencia, imaginación ecológica y desplazamiento simbólico entre lo profundo y lo cotidiano.

